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EL CAOS EN LAS CIENCIAS SOCIALES.

Por: Néstor Moreno Pérez.

Universidad Autónoma Chapingo.

nmoreno56@hotmail.com

 

"la entropía total del Universo tiende, a la larga,

 hacia el completo desorden en todas sus partículas....

 lo que, en términos coloquiales puede enunciársele, pues,

 como la fatal tendencia a que todo se desordene,

 se descomponga..., se desconchinfle" (Edmundo Flores).

 

INTRODUCCION (EL PODER DEL CAOS).

            Turbulencia política, desórdenes sociales, caos financiero, la sociedad entera sumergiéndose en una situación caótica, transición a la democracia o caos, son expresiones utilizadas de manera cada vez más recurrente por analistas políticos y especialistas en ciencias sociales para intentar explicar el acontecer de una sociedad enfrentada a una crisis profunda que se reproduce en todos los niveles y espacios del entramado político, económico, social y cultural del país. Una sociedad “desconchinflada” que, sin embargo, muestra algunos intentos por arribar a un nuevo orden surgido de la misma condición caótica en la que se encuentra.

            Al mismo tiempo, se desarrollan diversos esfuerzos por desentrañar los misterios que esconde esta realidad caótica y turbulenta, dando lugar a libros y revistas que adoptan el lenguaje del nuevo paradigma: la teoría del caos. también llamada ciencia del caos o caología. Así, nos encontramos con textos que en su título llevan ya la marca de esta manera de concebir al Universo y sus múltiples manifestaciones. Turbulencia política, México en el umbral del caos, Cuando pudímos no quisímos. El decenio del derumbe: la transición y el caos, Los rituales del caos; artículos como “El legado turbulento de Salinas de Gortari”, “La transición o el caos”; y la aparición de la revista Fractal, son sólo algunas muestras de cómo, en el ámbito de la reflexión política, económica y sociológica, el lenguaje de la caología se empieza a extender abriendo un horizonte interpretativo que ciertamente requiere ser explorado con el propósito de establecer sus alcances y limitaciones en la investigación social, política y económica. ¿De qué manera la ciencia del caos contribuye a explicar procesos tan complejos como las transiciones y crisis políticas? ¿Cómo entender los vaivenes de los flujos financieros y el desorden monetario a partir de la caología? ¿Es factible introducir la noción de caos para explicar los procesos políticos y sociales? En fin, ¿es posible abrir nuevas perspectivas de análisis en las ciencias sociales, recurriendo a este paradigma que cada vez suma más adeptos al interior de las diversas comunidades científicas? 

            En efecto, en los ultimos años se ha desarrollado en los diversos ámbitos del quehacer científico, una concepción que introduce la noción de caos como un elemento central en la investigación y la explicación científicas. En varios campos de la indagación científica, la idea de caos, de desorden, de indeterminación e incertidumbre ha empezado a orientar la búsqueda de los científicos para dar respuesta a las muchas interrogantes que el universo, la naturaleza y la sociedad plantean. Así, "percibir la indeterminación, el caos, el desorden, la extrema casualidad como método para investigar un universo que lleva todas estas ¿incongruencias? en sus entrañas, en su esencia, nos obliga a un esfuerzo nuevo, nos lleva a imaginar, a reflejar en nuestra mente inéditos registros......El objetivo de estos contemporáneos desafíos resulta claro: negar las secuelas de un plan, proyecto u ordenamiento vendría a ser un ordenamiento en sí mismo. Descubrir un sentido zambullendo a la mente en los procesos de un sinsentido. Alcanzar el orden del entendimiento penetrando en el desorden de las cosas, del mundo, del universo". Tal es lo que se nos dice en la presentación de la revista de la Universidad de México, dedicada a abordar el caos como objeto de la ciencia.

            A partir de estas ideas, y teniendo siempre en mente la negativa de Albert Einstein para aceptar que Dios jugara a los dados, nos "zambulliremos" en esta temática para darnos un leve remojón, acercándonos a lo que se ha dado en llamar caología, la novedosa y apasionante concepción que abre nuevos horizontes al pensamiento científico.

 Durante muchos años la noción de la existencia de un orden universal que rige el destino de todo lo que ha sido, es y será, predominó en el pensamiento científico y filosófico como una idea vertebral de la racionalidad humana. "El cosmos por excelencia es el mundo, el todo absoluto que contiene todos los todos parciales", dice Marcel Conche en La Noción de orden, y el desorden, agrega Georges Balandier, "no puede aparecer sino como una ruptura de la unidad, de la armonía general, y como oscurecimiento de la finalidad".

            Ante esta concepción en donde lo fundamental es el orden, la armonía, tanto en la existencia de los fenómenos, procesos y cosas que conforman al universo, como en el esfuerzo humano por conocerlo y atraparlo por medio de la razón; ha surgido un pensamiento diferente que afirma que la existencia del caos no es una transgresión, una ruptura circunstancial, sino que forma parte constitutiva de la naturaleza, de la sociedad, del universo todo. En la época de la presencia apabullante de los "ordenadores", aparece una concepción que afirma la existencia del caos, del desorden, como un reto para el pensamiento científico que invita a encontrar las regularidades de lo irregular, las determinaciones de lo indeterminado, el orden del desorden. ¿Es posible este aparente sinsentido? ¿Encontrar el sentido del sinsentido?.

            El reto ha sido tomado por los cuernos por la caología, la nueva disciplina que, teniendo como antecedente el desarrollo impresionante de la física cuántica y su principio de indeterminación o incertidumbre, así como las matemáticas que la fundamentan y se desprenden de ella; ha experimentado un desarrollo acelerado planteando una serie de conocimientos que empiezan a aplicarse en diversas disciplinas  como la física, la biología, la astronomía, la geografía, la medicina y las ciencias sociales.

            El planteamiento central de esta nueva concepción, nos dice que el desorden, la turbulencia, la desorganización y lo inesperado son aspectos constitutivos de la realidad  que la investigación científica tiene que abordar y desentrañar. El caos está presente en el universo, la naturaleza y la sociedad y ejerce una "fascinación" que ha dado lugar al surgimiento de lo que algunos consideran como "una de las principales invenciones que han revolucionado la historia de las civilizaciones". Para Balandier, en su libro: EL DESORDEN, la caología "parece estar preocupada, al principio, sólo en las curiosidades o los desvíos de la ilusión en beneficio de una ciencia que se ha vuelto extraña. Para ella, la trivialidad se transforma en misterio. El grifo que gotea ya no es un pequeño asunto doméstico y un motivo de irritación, sino la ocasión de una observación erudita, realizada a lo largo de los años, que hace de esa anomalía una especie de paradigma del caos. El agua de una cascada, con su caída en capas, su dispersión en una multitud de gotitas y su posterior circulación hacia la corriente errante, manifiesta un nivel superior de esa complejidad con un ritmo desordenado. El humo del cigarrillo, compañero de los vagabundeos del espíritu, que se eleva primero en línea recta y de pronto se tuerce y compone figuras en movimiento, sugiere la presencia de un fenómeno semejante. Más arriba, muy arriba, corren las maravillosas nubes, construyen paisajes celestes, móviles y siempre cambiantes, caos con los cuales se vinculan los sueños; pero la nueva disciplina quiere forzar su misterio, encontrar la respuesta que hará menos falible la previsión del tiempo más allá de lo inmediato".

            Ha sido de estas trivialidades de donde ha surgido el pensamiento que cuestiona las concepciones deterministas, introduciendo la idea de caos, que en el caso de la mecánica cuántica, aunque no elimina del todo ese determinismo, "sí pone en duda los principios causales y asigna a la casualidad o al azar un papel importante. Esto con beneplácito de muchos y molestia de otros como Einstein", quien nunca aceptó la presencia del azar en la conformación del universo.

            Sin embargo parece ser que para los "caólogos", el azar es determinante en la manifestación de diversos fenómenos y procesos del universo, y, sin embargo, éstos no son tan azarosos como aparecen a simple vista. Mitchell J. Feigembaum, quien es uno de los pioneros en esta disciplina, afirma que "estamos llenos de caos", la belleza es "esencialmente caótica", la forma de las nubes también lo es. La ciencia del caos es para él "el estudio del desorden, del comportamiento irregular de las cosas determinísticas, ésas que sabes cómo se comportan de un instante a otro, y sin embargo, sus movimientos se convierten en algo irregular, errático, y dan la sensación de que se producen al azar. Y en realidad, lo que ocurre es que no suceden por azar". Comprender fundamentalmente por medio de las matemáticas, los procesos que están detrás de lo azaroso, de lo irregular y lo incierto; encontrar el orden del desorden, constituye el principal afán de quienes, en los diversos campos de la ciencia, adoptan esta nueva perspectiva.

            En esta aventura, los conocimientos generados en la astronomía resultan asombrosos y apasionantes. Así, encontramos la idea de Julieta Fierro, quien en un artículo reciente, a partir de la noción de caos y su relación con el orden que se percibe en el universo, seduce y provoca nuestro pensamiento afirmando que "en particular las transiciones de las partículas pueden estudiarse de manera más adecuada recurriendo a la teoría del caos. Así, es posible concebir otros universos, paralelos al nuestro y totalmente incomunicados, cada uno con su física muy peculiar determinada por el caos......Así el universo posee orden y desorden, cosmos que se forman y se expanden y pueden dar origen a cuerpos simétricos como las galaxias con estrellas, planetas anillados y vida. La presencia del caos en todas las escalas del universo implica una gran diversidad de posibilidades y, por consiguiente, uno o varios universos con enorme potencial de crear diversidad".

            De la misma manera que en el ámbito de la astronomía, la teoría del caos genera ideas sugerentes y novedosas en otras disciplinas del pensamiento y la investigación científica, que rompen con esquemas y nos conducen hacia planteamientos que seguramente revolucionarán el conocimiento. La caología apunta hacia diversos campos tratando de desentrañar misterios y enigmas que hasta ahora forman parte de esa "enciclopedia de la ignorancia" que conforme se desarrolla el conocimiento se queda sin hojas, pero paradójicamente se llena de otras más.

            En el terreno de la biología y la medicina, la teoría del caos empieza a dar respuesta a problemas relacionados con la circulación sanguínea, introduciendo la idea de turbulencia como elemento que viene a romper la regularidad circulatoria y cardiaca. En el tratamiento de la epilepsia, las propuestas derivadas de esta concepción apuntan hacia el desarrollo de tratamientos que mediante la idea de la provocación del caos en determinadas zonas del cerebro generando turbulencias eléctricas en la actividad cerebral, pueden bloquear o impedir los ataques epilépticos.

            Otro campo de interés para aplicar la teoría del caos es el de los fenómenos y procesos sociales. Así, el estudio del comportamiento errático, impredecible y caótico de la Bolsa, de los flujos financieros, así como el de los periodos de transición política, adquieren nuevas dimensiones para el análisis y la investigación económica, social y política

            En este terreno los conceptos y nociones desarrollados por la teoría del caos proporcionan herramientas que pueden contribuir a entender procesos complejos, desordenados y caóticos desde los que posiblemente emerge ya un nuevo orden, ciertamente impredecible e incierto. Frente al caos social, económico y político surge el poder del caos como elemento fundamental de una concepción que ha revolucionado al pensamiento científico, trastocando a su vez, con su poderío, el ordenado mundo de las ciencias en este fin de milenio lleno de incertidumbres y misterios ante los cuales las ciencias sociales enfrentan importantes desafíos de conocimiento. En medio de la crítica y el derrumbe de los grandes paradigmas que orientaron sus pesquisas, surge la perspectiva del caos como una alternativa ordenadora que promete generar polémicas turbulentas y una realimentación de la imaginación sociológica y política.


 

EL CAOS SE VISTE DE FRAC...TALES.

            Los fractales constituyen un sistema descriptivo

 y una nueva metodología para una investigación

 que acaba de empezar. También pueden ser,

como el holograma, una nueva imagen de la totalidad.

En las próximas décadas los fractales sin duda

revelarán más acerca del caos oculto dentro de la regularidad

y acerca de los modos en que la estabilidad

 y el orden pueden nacer de la turbulencia y el azar subyacentes.

Y revelarán más acerca de los movimientos de la totalidad.”

(J. Briggs y F.D. Peat)

 

            Rodrigo, al dibujar la ilustración de su fólder en el que guarda sus dibujos, decidió dibujarse a sí mismo dibujándose a sí mismo dibujándose a sí mismo dibujándose a sí mismo...... y así al infinito: sin saberlo todavía, Rodrigo reprodujo la idea que está en la base de la creación de los fractales y de la complicada belleza de las “monstruosidades” que conforman la geometría fractal.

            Mucho se habla de la belleza de los fractales y, en efecto, las figuras que se forman con ellos tienen una presencia que atrapa a la vista, sobre todo aquellas configuradas por computadora. Es la belleza de los fractales lo que hace que se hable también de la belleza del caos, eliminando con ello la idea negativa que comúnmente se tiene acerca del mismo.

            Los fractales surgen de la curiosidad juguetona de los matemáticos, quienes mediante el desarrollo de intuiciones, fórmulas y abstracciones crearon una manera diferente de ver la realidad. Esta nueva visión surge como un reto a la visión tradicional emanada de la geometría clásica en la que predominan formas geométricas ordenadas y bonitas. Por el contrario, la geometría fractal nos ofrece un horizonte de la realidad en el que predominan el caos y la existencia de figuras “monstruosas”, orientándonos hacia el conocimiento de la complejidad, el movimiento y el desorden.

            En este horizonte fractal, la turbulencia, lo inesperado, lo azaroso, lo insignificante, la no linealidad y lo no determinístico adquieren una importancia fundamental en la comprensión y la investigación del universo, la naturaleza y la sociedad.

            La fundamentación matemática de la teoría de los fractales resulta por momentos complicada en virtud del tipo de números que se manejan y de las fórmulas matemáticas que requieren cierta familiaridad con el cálculo diferencial e integral. Sin embargo, las ideas y la concepción que emergen de ésta ofrecen perspectivas de interpretación y de análisis en muchos campos del conocimiento. De hecho, varias investigaciones en diversos ámbitos de las ciencias se orientan y desarrollan a partir de esta concepción surgida de los fractales. Pero, ¿qué son los fractales, de dónde provienen? y ¿cómo pueden ayudar a entender las diferentes manifestaciones de la realidad a partir del caos y la turbulencia?

            Del pensamiento poderoso e inquieto de Benoit Mandelbrot, brotaron los fractales a partir de jugar con los números. Considerado el padre de la teoría de los fractales, Mandelbrot “denominó fractales (del latín fractus, irregular) al conjunto de formas que, generadas normalmente por un proceso de repetición, se caracterizan por poseer  detalle a toda escala, por tener longitud infimita, por no ser diferenciables y por exhibir demensión fraccional”.  Los fractales son resultado de la repetición al infinito de los patrones geométricos que se superponen de forma indefinida. El proceso de repetición al que se hace referencia recibe el nombre de iteración. El interés de Mandelbrot por los fractales nació de la certeza de que “las nubes no son esferas, las montañas no son conos, las costas no son círculos, como la corteza de un árbol no es plana ni un rayo viaja en línea recta...La naturaleza no solamente exhibe un grado mayor sino también un nivel diferente de complejidad”.

 Supongo que muchos nos hemos puesto a jugar tratando de encontrar figuras en la composición azarosa, caprichosa y caótica de las nubes en movimiento. Esta experiencia de observación atenta y minuciosa confirma que en efecto, las nubes son formaciones complejas y que bajo la concepción proveniente de la geometría euclidiana, resulta imposible captar su riqueza y belleza. Al reproducirlas en términos de las formas geométricas clásicas, las nubes dejan de mostrarse tal cual son: portadoras en su seno de orden y caos y de autosimilitud en sus varias dimensiones.

            Es quizás esta característica de los fractales, ser un tipo especial de estructuras auto-similares (similares a sí mismas) que se repite a diferentes escalas, lo que en principio resulta de interés en el análisis de procesos diversos tanto en la naturaleza como en la sociedad. Al mismo tiempo que, con ello, se establece una diferencia y rompimiento con la geometría clásica en donde las líneas son suaves, mientras que en los fractales éstas se crispan, muestran infinitas rugosidades  y aparecen formando figuras no diferenciables desde el punto de vista matemático.

            Tal es el caso de la coliflor. Mandelbrot, para mostrar la presencia de su teoría fractal en la naturaleza ejemplifica con esta legumbre: “Si vemos una coliflor, podemos decir que parece una media esfera. Si la miramos con mayor atención, vemos que es irregular, y que la media esfera en realidad está compuesta por varias pequeñas esferas, cada una al final de un tallo. Si separamos un tallo,  vemos que al final de éste, hay un fragmento de coliflor que bien podría ser otra pequeña coliflor. Si seguimos cortando tallos cada vez más chicos, vemos que obtenemos una fracción que repite la estructura del cuerpo del cual proviene, y así sucesivamente. Observamos que tiene una estructura auto-similar”

            Son varias las manifestaciones naturales de estructuras fractales que se han encontrado. Así, “se sabe que su geometría está presente en depósitos y agregados coloidales (como los generados por el polvo y el smog), poliméricos y electroquímicos; en aparatos y sistemas de los seres vivos, como los vasos capilares, tubos intestinales, biliares y bronquiales, y en las redes neuronales. De manera similar, hay evidencia de que la localización geográfica de epicentros en temblores exhibe un patrón fractal, y en la actualidad la dimensión fraccionaria (dimensión fractal) de la superficie irregular de una falla en un material ya se utiliza como medida indirecta de su resistencia y dureza”.

            Como podemos notar, la presencia de los fractales es múltiple en diversos ámbitos de la naturaleza y poco a poco la teoría fractal gana terreno en amplios campos del pensamiento científico proponiendo un método para explicar la conformación de estructuras y sistemas dinámicos auto-similares, no determinísticos, acausales, no lineales y por tanto caóticos, irregulares y turbulentos, en los que se manifiestan procesos disipativos, de pérdida de energía, y autoorganizativos. Del caos y la turbulencia emerge el orden. El orden mismo tiene una manifestación caótica, el caos es componente esencial del orden. O como dice Wallace Stevens: “Un orden violento es el desorden. Un gran desorden es orden. Ambas cosas son una”.

            Al referirse a los sistemas dinámicos, la teoría del caos hace alusión a sistemas que se modifican en el tiempo a partir de ciertas condiciones iniciales. Desde un punto de vista determinista, su comportamiento puede ser previsible si se conocen las condiciones iniciales del sistema, de ahí que su evolución muestre una conexión lineal entre el pasado, el presente y el futuro del mismo. Sin embargo, lo que se ha descubierto es que la realidad se manifiesta de una manera tal en la que es difícil determinar con total precisión las condiciones iniciales de los sistemas dinámicos, al mismo tiempo que se ha podido establecer que en el desarrollo de los mismos intervienen diversos factores que hacen imposible predecir su futuro y que, por el contrario, éste es incierto o son posibles múltiples desenlaces en los que desempeñan un papel fundamental factores aparentemente insignificantes.

            Al respecto son conocidas diversas experiencias y aportes que paulatinamente condujeron a la edificación del que se ha dado en llamar “nuevo paradigma”, en el que la presencia del desorden muestra que “al parecer, el orden no era la constante del universo” . En este proceso “el golpe definitivo lo dio un climatólogo, Edward Lorenz. Al tratar de explicar el comportamiento del clima por medio de una primitiva computadora, Lorenz descubrió que aparecia un persistente margen de error; varias veces repitió sus operaciones, pero la falla se hacía más grande conforme pasaba el tiempo. La anomalía no era un defecto humano ni técnico, sino una falla del sistema usado para explicarlo. El clima es un ‘sistema dinámico no lineal’ en el cual intervienen al mismo tiempo gran cantidad de factores que interactúan entre sí. Para explicar sistemas como éste, al antiguo paradigma no le quedaba más remedio que descomponerlo en unidades simples; no obstante, el experimento de Lorenz demostró que en ellos, las causas pequeñas generan efectos tremendamente grandes, y que la simplificación sólo lleva al error. Así nació el ya famoso “efecto mariposa”. Más tarde, Lorenz encontró ciertos patrones que permitían augurar una extraña organización del caos. Desde luego, no se trataba de un sistema determinista predecible, pero tampoco de uno completamente aleatorio, sino de una combinación: un caos determinista”. Así, podemos afirmar que, dentro del vastísimo panorama del desarrollo de esta concepción, los trabajos de Edward Lorenz son fundamentales. En el año de 1963, trabajando con su computadora “ a la que un actual Nintendo superaría con creces, descubrió que la impredecibilidad de los sistemas dinámicos surge de la crítica sensibilidad de los mismos a los valores iniciales de los parámetros involucrados. Es decir, que para poder predecir el comportamiento de un sistema dinámico, es necesario conocer exactamente su condición inicial, pues si partimos de dos situaciones casi iguales, infinitesimalmente diferentes, llegaremos a dos resultados diferentes, pues las pequeñas diferencias iniciales se irán amplificando”. Como ejemplo de esta afirmación se ha difundido ampliamente el llamado “efecto mariposa”, que consiste en la consideración de que “el batir de alas de una mariposa puede provocar un drástico cambio de dirección de una violenta tormenta a miles de kilómetros de distancia, pues la perturbación en la atmósfera que provocó el insecto irá amplificándose al avanzar, y al llegar al frente de la tormenta puede haber adquirido relevancia”. Así, en algunos modelos utilizados en climatología para predecir el tiempo, “no considerar el simple aleteo de una mariposa puede tener consecuencias desastrosas sobre la predicción del comportamiento atmosférico”.

            El “efecto mariposa” nos muestra que “muchos sistemas no lineales exhiben un comportamiento caótico porque son muy sensibles a las influencias externas”.

            En cuanto empezaron a conocerse los estudios y resultados experimentales de Lorenz, “las irregularidades y discontinuidades comenzaron a brotar por todas partes. Gracias a ello, otro extravagante matemático, Benoit Mandelbroit, se encargó de encontrar, además de una nueva física, una nueva geometría, no euclidiana, la geometría fractal. Estos cimientos rápidamente fueron identificados como punta de iceberg de un paradigma emergente”, la teoría del caos, cuyas implicaciones “han comenzado a modificar hasta los conceptos más comunes sobre el universo”.

            Aunque el descubrimiento de las expresiones matemáticas que están en la base de la teoría de los fractales dista mucho de ser reciente, es a partir de la década de los setentas cuando los matemáticos se interesaron profundamente en ellas. Inclusive varias generaciones de ellos, “desde mediados del siglo pasado, al toparse con ellas, decían que eran “monstruos matemáticos”, y como tales eran confinados al bestiario del olvido”. El mismo Henri Poincaré, quien fue pionero en el desarrollo de este horizonte de conocimiento, rehuyó enfrentarse con estas monstruosidades, no obstante dejó sentadas importantes bases para entender la irregularidad de los sistemas dinámicos y los procesos turbulentos y caóticos

.

DEL EFECTO MARIPOSA AL EFECTO TEQUILA.

“Toda investigación que quiera entender la conciencia de los hombres,

 su “ratio” o sus “ideas” sin considerar al mismo tiempo

 la estructura de los impulsos, la orientación y la configuración

 de los sentimientos y de las pasiones sólo conseguirá resultados limitados,

 puesto que ignorará necesariamente gran parte de lo que es imprescindible

 para la comprensión de los seres humanos” (Norbert Elias)

 

 

            Ellos mismos se consideran “los más pequeños”, dando a entender su insignificancia aparente. Y, en efecto, aún teniendo conocimiento de su organización armada, el gobierno minimizó su presencia y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas el 1o. de Enero de 1994, provocando con ello un periodo de turbulencia política que por momentos pareció sumir al régimen político en el caos. El orden y la estabilidad pregonada mundialmente por el gobierno de Salinas de Gortari como garantía para nuestra entrada “triunfal” al primer mundo, mostró su precariedad y altísima sensibilidad a factores externos supuestamente irrelevantes. El orden político aparentemente incólume, contenía en su seno el caos y la inestabilidad que vino a modificar el panorama político del país.

            Parece ser que en este caso el aletear armado de un movimiento encabezado por “los más pequeños”, los campesinos indígenas excluídos del desarrollo modernizador de corte neoliberal, causó perturbaciones importantes que rompieron de tajo todas las previsiones optimistas que auguraban un ingreso fastuoso de México a la modernidad altamente desarrollada.

            Diciembre de 1994 es otra muestra del carácter imprevisible y no determinista de las sociedades. Los famosos errores de diciembre mostraron a todas luces que en el reino aparente del orden financiero, las turbulencias generadas por factores insignificantes, como por ejemplo, la falta de confianza y los ajustes en el equipo gobernante, pueden generar una situación caótica que se amplifica a gran escala, adquiriendo dimensiones y repercusiones a nivel regional y mundial. Así, el desplome de la Bolsa Mexicana de Valores dejó sentir sus efectos en otros países, fenómeno al que se bautizó con el nombre de “efecto tequila”.

            Estas son sólo dos muestras de cómo los conceptos y las ideas derivadas de la teoría de los fractales y del caos, pueden abrir horizontes explicativos en las ciencias sociales. El llamado “efecto tequila” al igual que el “efecto mariposa”, nos conduce a considerar los factores y las variaciones más insignificantes en el análisis del movimiento y el cambio en un sistema dinámico como lo puede ser el sistema político o financiero de un país.

            Pero no solamente eso es posible, sino que también la idea de los fractales como estructuras que se repiten en varias dimensiones de la realidad de manera autosimilar y autogenerativa, ofrece un potencial analítico importante para considerar la reproducción en diversos niveles de la sociedad, de las relaciones de poder y dominio, así como de la conformación de movimientos y organizaciones que cuestionan ese dominio y ejercicio del poder. Ya Michel Foucault habló de la “microfísica del poder” para señalar que el poder se disemina y reproduce en todas las esferas de la vida social. Y en efecto, la reproducción al infinito de los fractales, para el caso de las sociedades, puede conducir a la consideración de estructuras que se autorreproducen a nivel macro y microsocial para reproducir las relaciones de dominio y por otra parte, para enfrentarlas y disputar los espacios de poder.

            Junto con la noción de fractales, encontramos la idea de los llamados “atractores extraños”, elementos que en la generación de los fractales ocupan un lugar importante, ya que sugieren que son espacios hacia los que tiende el movimiento caótico de los sistemas dinámicos 0 disipativos, en los que la pérdida de energía es irremediable. Es ahí en donde se generan las turbulencias. El poder y por tanto, la lucha por él, podría ser considerado como un atractor extraño, generador de turbulencias que tienden a romper el orden y la estabilidad generando caos, que, sin embargo, presenta ciertas regularidades al mismo tiempo que produce un nuevo orden.

            Las posibilidades de utilización de la teoría del caos, con su fundamento fractal, están por explorarse. Por el momento, para muchos el caos aparece como  un concepto de moda. Sin embargo, parece ser que ofrece perspectivas y horizontes sugerentes, emocionantes y vastos para explorar aspectos que en ocasiones los científicos sociales suelen pasar por alto. Así por ejemplo el complejo mundo de los sentimientos, las emociones y las pasiones no es considerado relevante para la investigación social. Y sin embargo, desde la perspectiva del caos, estos elementos impredecibles, inciertos y supuestamente insignificantes de nuestra vida cotidiana, pueden tener efectos sorprendentes en las estructuras y el movimiento que rigen el orden social. Este orden en el que el caos se encuentra siempre presente, agazapado y al acecho, generando turbulencias económicas y políticas, puede ser alterado a partir de la configuración de sentimientos, pasiones y emociones que cristalizan en organizaciones y movimientos que generan cambios y alteraciones profundas en las sociedades. Para el caso de los individuos, el amor puede ser considerado un poderoso atractor extraño que nos introduce en los laberintos caóticos del alma, desordenándonos la vida de manera creativa e imaginativa. Aquí el caos muestra sus potencialidades positivas.

            La locura y la pasión por el dinero podrían ser abordados como atractores extaños generadores de caos y de procesos turbulentos a nivel individual y social. Y quizás el atractor extraño por excelencia en los seres humanos sea la muerte,  sumergiéndonos en un proceso en el que nuestro ordenamiento corporal se altera profundamente introduciéndonos en un hoyo negro del que sin embargo, al mismo tiempo que confirmamos que nuestra existencia es un proceso disipativo; constatamos también que a lo largo del mismo se crea y genera vida como expresión de la capacidad permanente de producción de creatividad e imaginación de los seres humanos. Aquí caos y orden conviven plenamente.

            La perspectiva que se abre para explorar ampliamente en las ciencias sociales, a partir del caos conceptual en el que se encuentran actualmente, puede conducirnos hacia nuevas puertas de acceso al conocimiento de procesos y fenómenos insospechados e impredecibles. En el caso de situaciones como las que vivímos en México, de turbulencia y crisis política, la transición de la que tanto se habla no necesariamente sigue un solo camino, lineal y determinístico, sino que, por el contrario, las posibilidades son muchas, las opciones múltiples en tanto que los factores que están presentes conforman una realidad compleja, en donde la cultura, vista desde una perspectiva fractal, adquiere una relevancia fundamental, en tanto generadora y reproductora de estructuras autosimilares que reproducen el ejercicio del poder a todos los niveles de la sociedad, por un lado, y por otro, como contracultura, genera procesos de autoorganización que cuestionan y se oponen al poder establecido. Tal podría ser el caso de las llamadas Organizaciones No Gubernamentales, que crean redes sociales en la llamada sociedad civil, de resistencia y oposición, y que se autorreproducen en todo el tejido social, desde los deudores de la banca hasta las organizaciones vecinales y ciudadanas.

             Desde esta perspectiva, la sociedad puede ser reconocida con esa bella expresión que le da título a uno de los geniales cuentos de Borges, como el “jardín de los senderos que se bifurcan”.

            En fin, parece ser que el caos no es tan caótico. Tiene cierta regularidad y orden. Y en esta consideración, “conceptualmente los fractales son un instrumento muy bello y poderoso que nos hace comprender que en el universo es el caos, y no las leyes deterministas e inmutables, la ley fundamental”.

            Paradójicamente, en este fin de milenio parece ser que nos adentramos en un nuevo siglo que nos tiene preparadas varias sorpresas. Quizás una de ellas sea la aparición de los "desordenadores". Y entonces podremos gritar sin temor a ruborizarnos: ¡Viva el des....orden  hijos del cosmos!

 

BIBLIOGRAFIA (Para acercaos a su majestad el caos)

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